¿Quién es nuestro enemigo?

¿Quién es nuestro enemigo?

No nos importa en exceso el desigual reparto de la riqueza si nuestra bolsa está mas o menos saneada. Pero si no lo está, culpamos de la falta de ayudas a las personas que vienen de fuera de nuestro territorio huyendo de su pobreza, que es nuestra riqueza, y de sus guerras, que son nuestras guerras. No culpabilizamos, sin embargo, a las tres personas que en el Estado detentan los recursos de 13 millones de personas.

«Nuestras víctimas nos conocen por sus heridas y por sus cadenas: eso hace irrefutable su testimonio. Basta que nos muestren lo que hemos hecho de ellas para que reconozcamos lo que hemos hecho de nosotros mismos… Ustedes, tan liberales, tan humanos, que llevan al preciosismo el amor por la cultura, parecen olvidar que tienen colonias y que allí se asesina en su nombre».

Jean Paul Sartre, prólogo a “Los condenados de la tierra” de Franz Fanon.

Primero lo hicimos en nombre de la religión, la nuestra también fue la verdadera, la única, y en su nombre conquistamos, masacramos y nos lucramos. Colonizamos sus tierras, les despojamos de sus recursos y destruimos su autoestima. Ellos siempre fueron seres inferiores, incultos porque no conocían nuestra cultura. Nosotras, sin embargo, no éramos incultas a pesar de que no conocíamos la suya, que era ancestral. Fuimos soberbias, nada teníamos que aprender de aquellos pueblos bárbaros que anexionamos a nuestro imperio.

Después lo hicimos en nombre de la codicia, eso sí, no la de todas, tan sólo la de unas pocas: Repsol, YPF, Endesa, Iberdrola, Gas Natural Fenosa, BBVA y Santander, por citar algunas de la larga lista. En el último lustro se han venido denunciando múltiples violaciones de los derechos humanos e impactos sobre las comunidades indígenas, las condiciones laborales y el medio ambiente por parte de las multinacionales españolas en América Latina. En el Estado, reengancharse en empresas energéticas o consejos de administración de bancos tras dejar el cargo político, es una tradición, al tiempo que una traición a la ciudadanía, porque mientras la lista de enchufados sigue creciendo, la factura eléctrica se dispara.

Y como el Estado español lo hizo y sigue haciéndolo en América Latina, el resto de súper potencias egocéntricas y etnocentristas que llegaron a serlo gracias a ese expolio, lo hicieron y siguen haciéndolo en sus respectivas excolonias. Y las que no tienen excolonias, envían a sus empresas transnacionales deslocalizadas a racanear míseros sueldos en países de desiguales economías que ahondan, o se dedican a desestabilizar países de codiciados recursos. A mar revuelta, ganancia de los de siempre.

No nos importa en exceso el desigual reparto de la riqueza si nuestra bolsa está mas o menos saneada. Pero si no lo está, culpamos de la falta de ayudas a las personas que vienen de fuera de nuestro territorio huyendo de su pobreza, que es nuestra riqueza, y de sus guerras, que son nuestras guerras. No culpabilizamos, sin embargo, a las tres personas que en el Estado detentan los recursos de 13 millones de personas, el 30% de la población, personas enfermas de insolidaridad que recurren a paraísos fiscales para aumentar año tras año sus beneficios a nuestra costa. Ni a esos políticos corruptos que circulan por las puertas giratorias de consejos de administración de bancos y empresas energéticas, que son los que hacen que la factura eléctrica en un país conocido por su sol al que pusieron un impuesto disuasorio, sea la segunda más cara de Europa y que desde 2007 el precio de la electricidad se haya disparado un 63% y un 48% el del gas.

El día que nos demos cuenta de quién es el enemigo y contra quién hay que combatir en las urnas y en la vida diaria, el día que nos unamos con la consciencia de que es más lo que nos une que lo que nos separa, el día que les perdamos el miedo y rompamos nuestros lazos con ellos desvinculándonos de la banca tradicional, de las vampiresas eléctricas y de otras empresas transnacionales, el día que pongamos los cuidados en el centro del mundo y el decrecimiento como única religión, ese gran día iniciaremos el camino hacia la justicia social universal.

Marta Abiega

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